Juanita Escobar

Solo apto para mi mismo 

Diario compartido de dos meses de cuarentena juntas, en el Llano, donde Sarai y yo, ¡por diferentes razones hemos vivido tanto! Sarai tiene ahora 12 años y la conozco desde que nació. Esta historia es la nube de acontecimientos que la habitan durante los meses de cuarentena en el Llano (paisaje abierto, mapa de lejanía, máxima extensión de uno mismo).

El 1ro de mayo llegué a la sabana, donde estaban ellas. Francisca (su mamá, mi mejor amiga y compañera de trabajo) nos había advertido a Sarai y a mí que no podíamos estar muy cerca, ni abrazos, ni nada. ¡Y esa era justo la imagen que yo tenía del reencuentro con Sarai! Entonces, el saludo fue a dos pasos de distancia, pero al otro día ya estábamos tomando tinto del mismo pocillo y se desvaneció esa cuarentena de no tocarse, mantener la distancia o usar el tapabocas, empecé a percibir, en medio de la amplitud del llano el encierro de otras maneras, o la percepción de la pandemia desde el imaginario de Sarai.

Estas imágenes (vivencias, hechos, fantasías) emergen junto al estallido inicial de las emociones, las situaciones empujan sin juicios, ni moral, el día a día va desfilando con sus pasiones, miedos, animales, el amor, el monte, el encierro, la amplitud del paisaje, y siempre la constante ilusión de otros mundos, sin poder llegar a ellos, o llegando de otra manera.

La inspiración también surge de los pensamientos y textos de Sarai, que se fueron imponiendo en imágenes y metáforas sacudiendo mi manera de ver este tiempo y fotografiarlo. Llegué a un tipo de infancia y recordé muchas veces un texto que ella me escribió cuando tenía 7 años, que decía, “cuéntame que yo tengo poca infancia y tú tienes mucha infancia!”. Este trabajo es esa conversación entre distintas infancias, para mí resulta en contar historias y ver sin tantas barreras, que salga todo de manera espontánea y con sentimiento.

En esta entrada de aguas, época de lluvias en el llano, cuando los mangos también caen, entró también la cuarentena. Con ella llegó la reflexión, el tiempo se estiró, deja sentir lo que falta, lo que no, lo que espina, lo que ilusiona. Tal vez el encierro (en sus múltiples maneras de percibirlo) viaja como una nube, volviéndose espacio, geografía, el lugar de la incertidumbre, de la asfixia por una enfermedad. Esta historia es, como dije al principio, la transición de esa nube por la vida de Sarai y de los niños y personas cercanas a ella. Sucede en el Llano que es el lugar por donde se fugan y florecen lejos todos los anhelos.

Juanita.

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Odio las putas propagandas que dicen: “estamos separados pero unidos”.

— Sarai Reyes

A la tolerancia le dio Coronavirus, se debilitó, se le cayeron los ánimos, la intolerancia no discrimina a nadie.

— Sarai Reyes

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Como mi cuerpo está encerrado, me dieron celos de mi alma que andaba rondado por ahí, sin tapabocas, sin gel con olor a Jennifer López, sin nada de esas limitaciones que tenemos. Rondaba por ahí volando por mi imaginación, por mis sentimientos, por mis dudas existenciales, así que encerré a mi alma en una cajita de cristal, la disequé y la colgué en el cuarto.

— Sarai Reyes

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El amor es el país de la imaginación.

— Sarai Reyes

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