Tamara Merino

Diaro de Cuarentena

Santiago, Chile, 2020.

Hace treinta años yacía yo en el pecho de mi madre en un eterno vaivén envuelta entre sus brazos. Hoy después de tres décadas he vuelto al vientre materno, ya que la vida nos ha regalado una pausa sin prisa, sin presión y sin excusas. Por 143 días estuvimos encerradas en un espacio confinado. Hoy el mundo está parado y la vida en esta casa se congeló en un abrazo.

Es extraño, he hecho dos cuarentenas en el último año desde que nació mi hijo Ikal. Y por alguna razón me siento como si fuera una puérpera que acaba de dar a luz, ya que el contexto y el registro emocional es muy similar. Esta cuarentena a diferencia de la primera me ha traído mucha ansiedad por el futuro, por mi hijo y por el planeta. La primera, postparto, estaba llena de ilusiones.

Indudablemente el encierro se siente más fuerte y agobiante cuando alguien nos lo impone. Cuando tenemos libertad sobre nuestras acciones, y decidimos quedarnos en casa, nos sentimos libres todavía. Ahora no. Mis días son dar pecho, la siesta, cambiar el pañal, jugar, amar, repetir.
Siento en el fondo, que la cuarentena es como la maternidad: miles de emociones de soledad, aislamiento, preguntas sin respuestas, ansiedad, reflexiones, ilusiones. Entiéndase estas emociones como un sentimiento ni negativo, ni positivo… simplemente nuevo.

Al menos este segundo encierro la vivo acompañada de mi madre, y juntas hacemos el ejercicio cotidiano de acompañarnos, guiarnos y cuidarnos. El retratar mi maternidad durante este periodo de tiempo sin tiempo, me ha llevado también a sanar a mi madre. Es un circulo sin fin, ya que ella es el comienzo de mi propia maternidad. Estamos compartiendo unas experiencias que jamás hubiéramos vivido juntas. Hoy somos nosotros los que tenemos que habitar el mundo de una manera diferente.

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